Claudio R. Boyé : El Leonardo de Freud

...En el horizonte mismo del psicoanálisis en extensiónse anuda el círculo interno que trazamos como hiancia del psicoanálisis en intensión”. Jacques Lacan

 

Este  trabajo[1] parte de una premisa:  la clínica psicoanalítica es una clínica de la lectura. Lectura de lo que se dice en lo que se escucha. Lectura de la letra[2].

Esta clínica de la lectura es la que habilita las construcciones del analista.   Estas se realizan, necesariamente, a partir de los significantes del único sujeto de la situación analítica y no desde el fantasma del analista.

Por lo tanto ¿se puede suponer una operación de lectura inherente al psicoanálisis  válida tanto en la intensión como en la extensión? Mi respuesta es que sí.

Esta afirmación se sostiene en la siguiente tesis: hay una  operación de lectura propia del psicoanálisis a la que Freud fue llevado por su descubrimiento -el inconciente- y por su invento -el psicoanálisis-[3].

A esta operación se la puede calificar como no erudita. Esto significa que es una lectura que no se apoya en documentos. Pero tampoco es sin documentos. Para este tipo de lectura es portadora de verdad tanto una fuente documentada, con valor histórico, como una novela, una obra de ficción.

Esta operación se instala en un borde que hace tambalear los límites supues tamente bien delimitados del documento y la ficción.

El aforismo de Lacan,  “La verdad tiene estructura de ficción”, formula y radicaliza la operación freudiana.

A partir de Freud se puede afirmar que los hechos están irremediablemente perdidos. Sólo se los puede recuperar a través de lalengua

El mero hecho de enunciar, contar, relatar, reconstruir cualquier acontecimiento se hace dentro de la estructura de lalengua y esto ya lo hace ficción del lenguaje.  

El creador del psicoanálisis afirmó en Los sueños que estos tienen un sentido, que se originan en deseos inconcientes que activan pensamientos inconcientes, y que deben ser traducidos al lenguaje de la conciencia. De esta manera se inaugura una dialéctica entre  actividad onírica y diurna que no se resuelve en ninguna síntesis superadora. A partir de aquí es mucho más difícil establecer la división entre sueño y vigilia.

En Poeta y fantasía  Freud asimila los sueños diurnos (fantasías) y los sueños.Es a partir de esta lectura freudiana de la compleja alma humana como nos enteramos que nuestra lectura de la realidad siempre pasa por el filtro de nuestros fantasmas.

Si recorremos los textos de Freud vamos a constatar que esta operación de lectura atraviesa toda su obra.

Recordemos que en el ejemplo principal del Chiste y su relación con el inconciente, el famillonario de Henrich Heine es en donde Freud lee el anudamiento entre el ser humano y el lenguaje.

Que es en el Edipo de Sófocles donde lee las coordenadas y callejones sin salida del deseo.

Que estudiando los caracteres de excepción pasa de un relato de un caso clínico al monólogo inicial de la Vida y muerte del rey Ricardo III, de Shakespeare, para extraer conclusiones de absoluta validez clínica.

Es en  El rey Lear donde Freud lee las relaciones del hombre con el amor, la vida y la muerte. Y así podríamos continuar.

Para ilustrar mi tesis recurriré al ensayo de Freud titulado Un recuerdo infantil de Leonardo de Vinci.

Considero que es en este trabajo freudiano y en las controversias que originó donde mejor se puede observar la operación de lectura que Freud inaugura.[4]

Para mostrar esto se impone realizar un recorrido por las críticas que generó la lectura que Freud hizo de las fuentes, es decir de los documentos  y de las referencias que utilizó para realizar su estudio del genio del renacimiento.

Mi propósito es mostrar que lo que se llamó un error “clave” en la lectura freudiana es en realidad una “clave de lectura”.

El error al que me refiero es que Freud parte, en este trabajo, de un recuerdo encubridor de Leonardo y allí donde, según las fuentes documentadas, debía decir milano (nibbio) Freud lee buitre.  

Las controversias parten de aquí, porque según los críticos en la construcción que realiza Freud el buitre juega un papel principal.

Mucho se ha escrito sobre este error. Uno de los críticos más contundentes fue Meyer Shapiro[5].

En la primera parte de su estudio Shapiro cuestiona la argumentación de Freud, pues esta se basa en el supuesto de que el pájaro del recuerdo es un buitre con sus connotaciones folclóricas y mitológicas.

Shapiro nos muestra, recurriendo a distintos documentos, que Leonardo en verdad había escrito milano(nibbio) y no buitre. Que Freud incurre en  este error porque en la traducción alemana que utilizó se había traducido como buitre lo que en realidad era un milano. Ahora bien ¿dónde Freud leyó buitre?, ¿en qué obra?

Por otra parte Shapiro nos dice que el milano es otra historia. Esta otra historia el crítico la encuentra en el Cuaderno de Notas  de Leonardo. Nos informa que  hay allí una colección de fábulas sobre las “Pasiones” y que una de ellas titulada “Envidia” trata del milano. El crítico se pregunta qué hubiera pasado si Freud se hubiese encontrado con este documento. ¿Acaso la connotación que tiene el milano -envidia- lo hubiera llevado a Freud a argumentar otra cosa?

Por lo tanto, como estos dos pájaros son absolutamente diferentes  el ensayo freudiano perdería su “argumento clave”. Pues este depende, de las connotaciones que posee el buitre. Al no ser reemplazable por un milano que posee otras connotaciones el argumento sería otro.

En el año 1957 Lacan responde, indirectamente, a Meyer Shapiro. En lo que se refiere al ya famoso buitre, dice:

“Freud sólo leyó este recuerdo infantil en la cita que de este pasaje hizo Herfeld, o sea que lo leyó en alemán. Pero Herfeld tradujo como buitre algo que  no es en absoluto un buitre. Freud podría haberlo sospechado, pues la traducción lleva las referencias a las páginas de los manuscritos, en este caso el Codex Atlanticus”..

Leonardo acostumbraba a escribir y a intercalar dibujos en su escritura. El pasaje al que hace referencia Lacan dice: “me parece que estoy destinado a ocuparme particularmente ...”y  aparece dibujado un milano.

Hoy sabemos que en la antología de Herfeld que utilizó Freud no aparece este pasaje. Nuevamente la pregunta: ¿dónde lo leyó Freud?

Luego de una exhaustiva indagación sobre el milano, el buitre egipcio y el Gyps fulvus, Lacan llega a la conclusión de que Freud se equivocó. Sin embargo agrega:

“A menudo ocurre que, aun con toda clase de fallas, la visión del genio se ha guiado con algo muy distinto que esas pequeñas investigaciones, y  ha llegado mucho más lejos que esos apoyos puestos a su alcance de forma accidental. La cuestión es saber qué quiere decir esto, qué es lo que nos permite ver”.[6]

En un artículo de 1994[7], Shapiro es quien responde a la pregunta: ¿dónde lo leyó Freud?

“¿Cómo pudo Freud traducir mal “nibbio”(milano) por “buitre”? se pregunta el crítico, no del volumen de Marie Herfeld pues no contiene ese pasaje. Lo más seguro, nos dice es que el origen se encuentre en la traducción alemana de la novela histórica El romance de Leonardo da Vinci de Dimitri Merejkovski[8].

Según Shapiro, Merejkovski  había quedado impresionado por este recuerdo infantil y lo incluyó en su biografía novelada. En el original ruso nibbio está correctamente traducudo pero al pasar al alemán se tradujo como buitre.

Luego, agrega Shapiro:

“La historia de Merejkovski incluye varios episodios que no están basados en los textos originales italianos sino que son producto de sus propias elaboraciones ficticias del recuerdo clave”[9].

Subrayo esta observación que deja perplejo al erudito pero que a nosotros nos es de utilidad.

Hay otros pasajes utilizados por Freud que asombraron a Shapiro, confirmándole que la fuente fue una novela.

En el Capítulo IV,de la segunda parte, de la biografía novelada[10], Leonardo, hombre de 50 años, antes de alistarse en el ejército de Cesar Borgia, visita el hogar donde vivió de niño y rememora su pasado:

“Leonardo recordaba  como en sueños las facciones de su madre , y especialmente su  sonrisa, delicada, fugaz, no exenta de malicia, que contrastaba con la expresión de su rostro bellísimo, sencillo, melancólico, casi rígido y severo...La casita que habitaba Catalina (su madre) hallábase situada cerca de la quintade mease Antonio (su abuelo).

La descripción de las visitas diurnas que el joven Leonardo hacía en secreto a su madre nos dice que “caía en los brazos amorosos de su madre. Ella, que lo esperaba en la puerta de su vivienda, arrojaba el huso y se precipitaba al encuentro de su hijo para colmarlo de caricias”; pero, según se lee en la novela, el muchacho disfrutaba más de sus encuentros nocturnos. Sabiendo cuándo salía su padrasrto, el joven Leonardo "se deslizaba silenciosamente del gran lecho cuadrado en el que reposaba al lado de su abuelo, Magdalena (su abuela) abría con cuidado los cerrados postigos, saltaba el antepecho y asiéndose a las ramas de una higuera se dejaba caer al suelo y corría, desnudo como estaba, a casa de su madre. Encantábale la frescura de la hierba húmeda de rocío...encantábale aún más el peligro de que su abuelo se despertase antes de tiempo y echase de ver su escapatoria y el misterio de aquellos abrazos que tenían algo de delictuoso cuando, encaramándose sobre el lecho materno, palpando en la obscuridad, la estrechaba con toda la fuerza de su cuerpecito.”[11]

¿Qué dice Freud del autor ruso? :

“El poeta Merejkovski es el único que sabe decirnos quién era esta Catalina (...)” y luego agrega: “Esta hipótesis del sutil novelista ruso y conocedor del alma humana carece de pruebas que abonen su exactitud; pero entraña tan alto grado de verosimilitud y se halla tan de acuerdo con todos los datos que poseemos sobre la vida sentimental de Leonardo, que nos inclinamos a suponerla cierta.”

Y ¿qué dice de su Leonardo? El 1 de noviembre de 1914, en una carta al pintor Hermann Struck le dice, al respecto:

“...De paso, también es ficción novelística (Romandichtung). No quisiera que usted juzgara la certidumbre de nuestras investigaciones por este ejemplo”.

Cuando dice “ficción novelística”, nos apunta Gombrich,[12] se refiere a la novela histórica sobre Leonardo.

Todas estas citas nos permiten vislumbrar que  se trata de una disputa respecto a las fuentes, a los documentos.

La crítica de Shapiro es clara a este respecto, la de Lacan también, ambos recurren a documentos.

Sin embargo Freud opera de otra manera respecto de los documentos. De una manera no erudita. Es decir incluyendo como fuente con valor de documento una ficción. Desde el punto de vista de la erudición esto es un error insalvable. Sin embargo Freud autoriza y se autoriza en la ficción de Merejkovki.

¿Cómo es esto posible? ¿Qué validez tiene utilizar como fuente histórica una biografía novelada? ¿Podemos sacar alguna conclusión de esto?

Una primera conclusión es que las disputas de los documentos pueden llegar a ser interminables. Ya hice referencia, en las notas, a las dificultades que trae trabajar con traducciones y  las diferentes versiones que produce un texto cuando es sometido a una traducción. Podemos afirmar que un texto cuando es traducido se vuelve otro texto, altero respecto del original.

Por lo tanto esta operación de lectura que es la erudita, es decir la búsqueda de la fuente, del documento, del origen, del original es la que Freud realizó en sus comienzos cuando aún creía en sus histéricas. Cuando sostenía la teoría del trauma, como consecuencia de un hecho verdaderamente acaecido. Esta es la lectura que Freud modifica cuando ya no cree en su histérica y sí en el fantasma.

Podemos afirmar que a partir de aquí la lectura freudiana no podría ir a la búsqueda de algún original porque el inconciente freudiano es un texto perdido que nunca existió.

Entonces la lectura que Freud realiza de la novela de Merejkovsky es una lectura clínica. Podríamos decir que el estudio de Freud se podría haber llamado Leonardo, un caso clínico o de como la intensión se anuda en la extensión.

Esta operación de lectura freudiana nos enseña en acto lo que el arte le puede aportar al psicoanálisis. Jamás a la inversa.

Claudio R. Boyé*

 

        Post-scriptum: una última hipótesis, a desarrollar, es la siguiente. Los trabajos realizados por Freud sobre arte, que se conocieron como psicoanálisis aplicado, fueron lecturas necesarias para fundar el psicoánalisis. Freud, en su etapa de invención, se vio llevado a recurrir a los grandes poetas, a los mitos y, fundamentalmente, a los clásicos griegos, para abonar su teoría. Era imposible que recurriese a los saberes de su época pues estos eran desbordados por el acontecimiento al que Freud nominó inconciente. Por lo tanto, el remitirse al arte fue para fundar cuestiones relativas al psiquismo inconciente y no para aplicar el psicoanálisis a las diferentes manifestaciones artísticas. Considero que es por este motivo que lo que posteriormente se conoció como psicoanálisis aplicado, en cualquiera de sus vertientes teóricas o de escuelas, siempre estuvo más del lado de la psicobiografía o de la crítica, que del psicoanálisis. Es más considero que es imposible después de Freud realizar la misma operación, pues ella está vinculada, necesariamente, al momento fundacional del psicoanálisis.  

 

 

* Psicoanalista. Profesor Universitario. Docente de la Cátedra de Psicología del Arte. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires. Director de la Revista de Arte y Psicoanálisis OXIMORON. Miembro del Consejo Editor de la Revista virtual Errancia, UNAM, México. Maestrando de la Maestría en Psicoanálisis, de la Universidad Kennedy, que dirige la Dra. Amelia Imbriano. Jefe de Trabajos Prácticos del Departamento de Salud Mental, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires,desde junio de 1995 hasta mayo 1997. Cátedra del Dr. Miguel A. Materazzi. Docente del departamento de Bioética, de la Carrera de Especialistas en Psiquiatría, de la Facultad de Medicina, Universidad deBuenos Aires. Desde 1995 hasta 1997.

Libros publicados

-Arte y psicoanalisis. Los trastornos de la cultural. Ed. UNTREF 2009.

-"El malestar en la escuela. Reflexiones y propuestas en torno de la convivencia", Bs. As., Geema, 1997.

-"Construcción de la identidad” en "El campo de la ética, mediación, discurso y práctica. Bs. As., Edicial, 1997, Gabriela Bianco, comp.

- "Teoría y técnica de los grupos operativos", "Lo inconsciente. Una introducción."La pulsión. Concepto fundamental" en "Salud Mental. Un enfoque transdisciplinario", Bs. As., Ed. Salerno, 1996. M.A. Materazzi, comp.

 

 




[1] Quiero dejar testimonio que este trabajo es consecuencia de haber participado en una reunión de trabajo con otros analistas, donde se discutió el escrito de Lidia Araneo e Inés Rodríguez   Las "lecturas" de un psicoanalista". Compruebo una vez más que siempre se piensa con otros. Lo que confirma una vez más el dicho de Freud: El psicoanálisis es una obra colectiva, que aparece citado en el trabajo antes mencionado. En este caso con los integrantes del Encuentro entre Analistas.

[2] "La letra es algo que se lee.Hasta parece que se lee a raíz de la palabra misma. Se lee, y literalmente. En el discurso analítico se trata de lo que se lee , de lo que se lee más allá de lo que  se ha incitado a decir sin vacilar ante las necedades que se puedan decir. El significado no tiene que ver con los oídos, sino con la lectura de lo que uno escucha de significante". (El subrayado me pertenece). J.Lacan, Seminario XX.

[3] Es en el Múltiple interés del psicoanálisis donde Freud plantea que el método de lectura de los sueños es aplicable a diversas producciones culturales y a diferentes saberes. Que el psicoanálisis puede arrojar luz  aplicando sus premisas, sus puntos de vista, su método. Considero importante destacar que Freud "fue llevado", y agregar por "el deseo". No cedió.

[4] Es importante dejar aclarado que esta lectura que lleva a cabo Freud está muy distante de lo que después se conoció como psicoanálisis aplicado. Hoy en día se lo llama "extensión", "arte y psicoanálisis" etc., dentro del psicoanálisis postlacaniano. En este sentido es posible afirmar que hay una gran similitud (estructural) entre los postfreudianos y los postlacanianos en cuanto a la operación de lectura que cada uno de estos grupos realiza de los textos de Freud y de Lacan. Lectura no de los textos sino de lo que otros leyeron, es decir se leen versiones establecidas. Miller es uno de los que establecen lecturas, pero no es el úmico.

[5] "Freud y Leonardo: un estudio histórico del arte". (1956).Ed.Tecnos 1999.

[6] Es muy interesante observar que Lacan estaba sobre la pista de la operación de lectura que realizó Freud. Sin embargo la llama "visión del genio". Lo que no aporta mucho. A mi entender en esta clase del Seminario IV, Lacan incurre en el mismo método erudito que Shapiro, lo que lo lleva a cierto callejón sin salida. O lo que es lo mismo el lugar común del "genio" de Freud.

[7]  Unas cuantas notas más sobre Freud y Leonardo.También E.H.Gombrich, en 1981. "Las teorías estéticas de Sigmud Freud". Conferencia dictada en la universidad de Viena , para conmemorar el 125 aniversario del nacimiento de Freud.

[8] La edición en español que conseguí lleva por título La resurrección de los dioses (La novela de Leonardo da Vinci). Edición de Ramón Sopena, Barcelona,1931. Considero que el título mencionado en el ensayo de Shapiro incurre en un error (¿de traducción?) que no pude dilucidar por no disponer del original. Sin embargo lo más factible es que se halla traducido al castellano Roman por Romance y no por Novela que es lo correcto. Las citas que haga de la novela pertenecen a esta edición.

[9] El destacado me pertenece.

[10] El título de este capítulo es, casualmente(!), "Despuntan las alas".

[11] Esta cita pertenece a la versión ya citada en nota 7. Lo llamativo es que en las citas que realizan tanto Shapiro como Gombrich  se dice que Leonardo dormía junto a su abuela y no su abuelo. Además su abuela lleva por nombre Lucía y no Magdalena. Es más, los dos críticos encuentran en estos pasajes el origen de las dos madres, que se mencionan en el estudio de Freud  a propósito del cuadro de Santa Ana, la Virgen, y el Niño. El nombre de la abuela no considero que sea de gran importancia ya que no altera en nada la cuestión, pero sí el que haya dormido con ella o que ella haya sido su cómplice en sus escapadas nocturnas hacia la casa de su madre, cuando su  marido el viejo Accattabrighe se iba a la hostería para dedicarle una horas al juego, con sus amigos.

[12] En su artículo titulado "El ingenio verbal como paradigma del arte", en Tributos. Ed. F.C.E., 1991.